Las historias de la calle fluyen como el viento del otoño sobre las hojas secas que revolotean por las calles y plazas. Basta con sentarse en una banca de una plaza al lado de otra persona, conversar con ella y empezar a descubrir un nuevo mundo. Los taxistas de la ciudad suelen ser una inagotable fuente de historias, con ellos puedes recorrer diferentes vidas y adentrarte a diferentes realidades, a veces poco imaginables, a veces simples y ordinarias realidades pero realidades al fin, muchas veces tan lejanas a nosotros que nos parecen sacadas de un libro de cuentos.
Subí pausadamente, negocie con el taxista apenas mirando su nuca y me acomodé lo mejor posible en el asiento trasero. El auto empezó su recorrido por las calles de la ciudad, yo intenté deshacerme de mis pensamientos y tratar de concentrarme en otra cosa. Empecé a mirar a la ciudad y su movimiento. Las calles estaban llenas de autos y mucha gente recorría por las avenidas. Casas grandes, casa pequeñas, jardines bien cuidados, espacios públicos llenos de tierra y basura. Mezclas y contrastes de imágenes dentro de la ciudad. El taxista miró por el retrovisor y empezó a conversar. Gran acierto de ese viejo chofer. Imagino que con sus más de ochenta años encima y la experiencia que le ha dado la vida se había dado cuenta de mi necesidad de distracción de la mente, de la necesidad de escaparme de mis pensamientos. No recuerdo como fue pero poco a poco empezó a contarme de su vida, y yo como siempre buscando historias del mundo empecé a preguntar más sobre los detalles de su historia personal. Decidí ir guardando los detalles un algún rincón de mi mente, era una historia de amor interesante la que contaba y yo que estaba algo falto de ideas para mis cuentos decidí que era una gran ocasión para tomar esa historia y ponerla alguna vez en papel haciendo que aquello alguna vez vivido por ese viejito taxista se vuelva de alguna manera inmortal.
a seguir trabajando para subsistir de la mejor manera en esos últimos años de su vida. Lo vi pasar frente a mí nuevamente y luego desparecer entre las avenidas que se volvieron a tragar su vida. Al verlo esa vez frente a mí, sentado delante del volante con ese gesto sereno y casi sonriente me di cuenta que esa persona ya no era la misma para mí. El saber su historia lo había transformado ante mis ojos. Ya no era un desconocido más que pasaba con su auto haciendo taxi como aquellos que vemos todos los días, si no que era una persona con una gran historia personal. Una historia como la tuya y como la mía. Una historia que las personas que nos ven caminar por las calles ni siquiera se imaginan, pero estoy seguro que si la supieran nos mirarían de una manera muy diferente, ya no seriamos unos simples desconocidos para ellos, sino un ser humano como ellos. Un ser humano con una historia personal importante, una historia de vida que nos da vida.


Es cierto todos tenemos una historia... sin importar de donde somos!!
ResponderEliminarExplicaste muy bien, como no vemos en las calles al pasar, solo espero que a nuestros 80 podamos contar hasta con derrepente algunas lagrimas pero de alegrias las historias vividas en nuestras cortas vidas en esta tierra la esperanza es que en la otra vida todo puede ser diferente y nosotros seguimos siendo los que decidimos.... felicidades...
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